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miércoles, 6 de enero de 2010


Hace ya mucho que debría haber escrito ya, han pasado ya más de un mes de tantos traspíes, venturas y más que simples casualidades.

Bueno para no hacerla a la larga y recordarlo siempre en este blog, (al igual que compartir este recuerdo con ustedes), de la manera que si fuese un diario o no, simplemente quiero relatarlo como si fuera ayer.
El 24 de Diciembre fue una de las mejores Noche Buenas que he pasado durante estos últimos años de mi vida de adolescente, el árbol estaba repleto de regalos, que casi ni podíamos pasar por el comedor, fue una velada maravillosa por supuesto, el dar regalos es mucho más emocionante que recibir uno, o eso fue lo que yo sentí en ese momento.
Fuimos a Misa de medianoche a recibir a El Niño Jesús, para después llegar a tomar una deliciosa cena con caldo de camarón, vino tinto (mi favorito, Lambrusco), una exquisita pierna de pavo con salsa de nuez y ensalada.

Una Noche Buena que de seguro no olvidaré.


Así pues nos levantamos al día siguiente el 25, si mal no recuerdo eran las diez de la mañana y yo aun tenía sueño, pero Leo mi hermana ansiaba por ver los regalos que El Niño Dios nos había traído este año.
Y Voilá ¡una bicicleta! fue grandioso ver que al fin pueda tener una bicicleta, estabamos tan emocionados, Leo, Ed y yo que hasta el sueño se nos quitó.


El 31 de Diciembre lo habíamos pasado en Guanajuato, el hogar de las fresas y el estado natal de mi madre, pasamos tres días y tres noches en la casa de mi tía Olga y Alex, y con el resto de la familia dimos la bienvenida a un año nuevo.



Precisamente hoy que recordaba con recelo todas aquellas cosas por las que pasamos y dejamos en el olvido, como los abrazos, las desputas, las risas, las personas... entre otras cosas.
Leo me levantó de la cama de nuevo para sorprendernos lo que los Santos Reyes nos trajeron, este día fue bastante singular a mi propia sorpresa, puesto que me trajeron ropa interior femenina y perfumes, lo que yo precisamente estaba planeando comprar en cuanto ahorrase suficiente dinero.


Así pues recordando que finalmente la dicha se ha recobrado de nuevo en mí de tan hermosos días, olvidé por completo las cosas por las que estaba demasiado preocupada, asuntos que deberían darme menos importancia, pues ahora recordando todo esto aquí es muy satisfactorio...



Otra Navidad que pasa, otro sueño se olvida y un nuevo año comienza.


Nill

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