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sábado, 5 de septiembre de 2009

Reflexión

Vergüenza...
No hay otra palabra más que describa mi orgullo.
Fue egoísta y arrogante, me tiemblan las piernas de haber actuado tan impulsivamente...
me dejé llevar por el orgullo, que hasta tenía más razones por disculparme y arrepentirme...
Hoy tuve gran lección y fue una de las más importantes que me han ocurrido...
Mientras yo estaba en la pieza de mis padres donde mi madre arreglaba cualquier cosa que se encontraba a su paso... me encontré escondidas entre las fotografías, unas cartas antiguas escritas a máquina que pertenecían a mi abuela...que mis visabuelos le habían escrito solamente para ella.
Las había sacado con delicadeza del sobre, desdoblando con sutileza la hoja comenzé a leer.
Mientras iba leyendo meticulosamente, sentí que mi corazón se desplomaba, y recordé que mis problemas o lo que sea no se compara con el dolor y el sufrimiento de mi difunta y muy querida abuela Elena...
Mientras yo me adentraba a su pasado me había dado cuenta de que mi estigma herida era tan pequeña compara con la de ella...
Me sentí avergonzada por lo que había hecho el día anterior que hasta todo rasgo del orgullo pasado se fue desvaneciendo...
En una de las cartas recitaba así...


[...]Desde luego te digo que te serenes, que no te dejes llevar por los primeros impulsos de tu corazón, muy justos y naturales.[...]

[...]Y, si el cariño se ha extinguido completamente y no existe en cambio más que un cálculo grosero y torpe, entonces podrás proceder como corresponde, pero con serenidad y dignidad y después de haber agotado todos los recursos que encierra el corazón y la inteligencia humana...[...]

En otra carta recitaba lo siguiente...

[...] vuelvo a insistir en que para todo tengas calma y trates de sobreponerte a tus descepciones.
Nunca hagas nada sin meditarlo bien y medir los alcances y las consecuencias que pueda tener una determinación.[...]

[...] también es cierto que no todo es dulzura y tranquilidad, pues la vida está más llena de sinsabores que de alegrías y si queremos vivir inteligentemente debemos poner en juego todos los recursos que disponemos para hacer que esas penas sean menores y no minen nuestra exitencia al grado de llegar a hacernos insufrible la vida.
Nunca debemos exagerar los males, cualesquiera que sean, pues todo tiene su remedio si se saben llevar las cosas prudentemente. [...]
Mcuhas veces, bajo la influencia de la cólera o cualquier otro impulso violento, vemos las situaciones difíciles como muy imposibles de sobrellevar, cuando que con un poco de calma y de reflexión, esa misma situación podría tener una solución mejor y mas satisfactoria, que no llegara a causarnos males mayores.[...]


Así pues... reflexioné gracias a estas cartas... que, por algo razón leí.
Mi estigma estuvo a punto de desaparecer... había recuperado el giro del tiempo y mi corazón descocido comenzó a cicatrizar, y aun que no se disculpen aquellos que han sido viles conmigo yo los perdono de corazón.

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